La habitación libre

Primero el deber, después la nada

Llevo un tiempo que no escribo, ya no sólo aquí, tampoco en mi libreta. Y no es porque no tenga ideas, continuamente -sobre todo por la noche, ya en la cama- me vienen ideas sobre temas de los que quiero escribir, me vienen frases guays que describen bien lo que siento, pienso que podría anotarlo y luego ya desarrollarlo mejor con tiempo en el blog, pero es que estoy en la cama y tengo que dormir, y ya tengo bastantes problemas para dormir como para ponerme a pensar.

Otros días me pasa de día, más lúcida. Pero entonces hay que estudiar, o poner lavadoras -¿en serio ese cesto tiene fondo? Lo dudo-, o salir a comprar, o hacer cualquier otra cosa que hay-que-ha-cer, porque "primero está el deber, y después el placer". Pero la realidad es que hay tanto "deber" que después queda la nada.

Últimamente me siento súper inquieta, he descubierto gente con la que poder hablar, tanto por redes como en persona, sobre temas que me suscitan interés y me gusta desgranar -cuando digo esta palabra imagino sin querer una granada abierta con sus granitos brillantes y cómo los voy quitando-, me gusta leer o escuchar las reflexiones que tienen sobre arte y me siento afortunada y feliz de estar ahí compartiéndolas. Y me gustaría escribir más sobre ello, pero, siempre encuentro que hay algo más importante que hacer, aunque si me preguntas qué deberías hacer tú en este caso, te diría que muchas cosas pueden esperar.

Así que me he tirado en la cama antes de cenar para al menos dejar esto por escrito y que me sirva de recordatorio, si primero va todo ese deber... ¿dónde quedó yo?